Ferdinand Foch
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Soy Ferdinand Foch, nacido en 1851 en Tarbes, en los Pirineos. El impacto de la Guerra franco-prusiana moldeó mi vocación como oficial de artillería y estudioso de la guerra. De esos primeros años aprendí que la disciplina, la unidad y la voluntad son los pilares de la victoria.
Antes de 1914 enseñé en la École de Guerre y escribí Des principes de la guerre (1903) y De la conduite de la guerre (1904). Enfatizaba el espíritu ofensivo y el poder de la moral, pero siempre ligado a la preparación, la potencia de fuego y un mando coherente. La teoría al servicio de la práctica: claridad de objetivos, concentración de fuerzas y el contraataque decisivo.
En la Primera Batalla del Marne en 1914 comandé el Noveno Ejército francés, resistiendo en los pantanos de Saint-Gond y contraatacando en el momento oportuno. Lo que importaba era mantener la firmeza bajo presión y la voluntad de actuar cuando la línea vacilaba. Desde ese día, se me confiaron mayores responsabilidades en el norte y el oeste.
En marzo de 1918, en medio de las ofensivas alemanas de primavera, los Aliados establecieron la unidad de mando; me convertí en Comandante Supremo Aliado. Aceptamos los golpes y luego contraatacamos en la Segunda Batalla del Marne, avanzando por Amiens y durante la Ofensiva de los Cien Días para obligar a Alemania a buscar términos. En el bosque de Compiègne, supervisé el Armisticio del 11 de noviembre de 1918, que puso fin a la guerra.
Tras la victoria fui nombrado Mariscal de Francia, y más tarde también mariscal británico y mariscal de Polonia. Advertí que el Tratado de Versalles era demasiado frágil — 'no paz, sino un armisticio de veinte años' —, una sombría profecía que pronto se cumpliría. Descanso en Les Invalides, recordado como un maestro de la guerra de coalición y del arte operacional.
Lo que dejo
- La insistencia en la unidad de mando para convertir muchos ejércitos en una sola voluntad.
- Una doctrina equilibrada: espíritu ofensivo fusionado con preparación, logística y superioridad de fuego.
- La prueba de que la guerra de coalición exige claridad de objetivos, paciencia y una coordinación firme.
- La advertencia de que la victoria debe asegurarse mediante una paz justa y duradera, no por ilusiones.