Georges Benjamin Clemenceau
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Georges Benjamin Clemenceau nació en 1841 en Mouilleron-en-Pareds, en el seno de una familia impregnada de convicciones republicanas. Formado como médico, pronto se orientó hacia el periodismo y la política, aportando la resolución propia de un cirujano y la pluma de un polemista a la Cámara de Diputados durante las turbulentas décadas de la Tercera República.
Como republicano radical y voz anticlerical, Clemenceau se convirtió en un parlamentario formidable. En el Caso Dreyfus se situó entre los defensores más enérgicos de la justicia y del estado de derecho: como director de L’Aurore publicó el explosivo «J’accuse…!» de Émile Zola en 1898, ayudando a inclinar la opinión pública hacia la exoneración del capitán Alfred Dreyfus. Su periodismo, mordaz e implacable, mantuvo despierta la conciencia de la República.
Llamado a dirigir el gobierno en una crisis existencial, Clemenceau fue primer ministro en 1906–1909 y nuevamente en 1917–1920. En los meses más oscuros de la Primera Guerra Mundial se convirtió en Père la Victoire —Padre de la Victoria— al restaurar la moral, imponer disciplina y presionar por un mando aliado unificado bajo el mariscal Foch. Insistió en que Francia debía luchar hasta la victoria, convencido de que sólo la determinación podía forjar una paz duradera.
En la Conferencia de Paz de París de 1919, Clemenceau fue el principal negociador francés. Buscó garantías de seguridad estrictas y reparaciones por parte de Alemania para salvaguardar el norte devastado de Francia y su futuro. Aunque contribuyó a moldear el Tratado de Versalles, más tarde lamentó la fragilidad del acuerdo —sobre todo tras el fracaso de las garantías angloamericanas y el rechazo del Senado de los Estados Unidos a los compromisos con la Sociedad de Naciones.
En su retiro, Clemenceau volvió a la escritura, produciendo memorias incisivas como Grandezas y miserias de una victoria (1929). Falleció en 1929, dejando un legado de republicanismo intrépido, un ingenio cáustico y un realismo duro sobre la guerra y la diplomacia que aún suscita debate.
Lo que perdura
- Liderazgo como primer ministro de Francia en tiempo de guerra, 1917–1920, que le valió el apelativo «El Tigre».
- Defensor de la justicia en el Caso Dreyfus, que recurrió a la prensa para promover el coraje cívico.
- Arquitecto principal de la postura francesa en Versalles, priorizando la seguridad y la rendición de cuentas.
- Un modelo de gobernanza pragmática y desprovista de sentimentalismos: escéptico ante las soluciones fáciles e implacable en su propósito.