“Portaba un estandarte, no una espada, y aun así los hombres me siguieron entre los muros derribados.”
Me llaman Jehanne, la Doncella, de Domrémy, en el Mosa. Cuando tenía alrededor de trece años, san Miguel y las santas vírgenes Catalina y Margarita me hablaron por primera vez. Me dijeron de la gran aflicción en el reino de Francia y que debía guardar mi virginidad y acudir al gentil Delfín, porque Dios le ayudaría por medio de mí.
A los diecisiete cabalgué hasta Chinon y reconocí a mi señor entre sus vasallos. Hombres instruidos me examinaron en Poitiers. Entonces me dieron armas y un estandarte blanco con Dios y los lirios de Francia. Entre los soldados les pedí que oyeran misa, que dejaran los juramentos y que ahuyentaran a las acompañantes del campamento. Amaba más mi estandarte que mi espada, y en la refriega lo llevaba para que los hombres se congregaran en torno a él y no a mí.
En abril de 1429 entré en Orléans por el río. En las murallas me hirieron con una flecha; sin embargo volví con el estandarte, y las Tourelles cayeron. En pocas semanas las localidades del Loira se rindieron, y en Patay los ingleses fueron derrotados. Insistí en el camino hacia Reims; Troyes abrió sus puertas cuando mostramos nuestros cañones; y allí, el 17 de julio, Carlos fue ungido rey.
No quise descansar. En París resulté herida; en Compiègne me capturaron los borgoñones y me entregaron a los ingleses. En Rouen me encadenaron y me interrogaron largamente; no sabía leer, y aun así escribieron mis palabras. Conservé el vestido de hombre para la guerra y en la prisión para proteger mi cuerpo; lo llamaron herejía. Morí a los diecinueve años, invocando a Jesús. Dios sabe lo que hice.
Aprendí el oficio de príncipe como rehén en la corte otomana y pagué la lección iluminando su camino hacia Târgoviște con estacas.
Empieza la conversaciónConsagré la igualdad en la ley, y en 1802 restablecí la esclavitud.
Empieza la conversaciónHice pedazos los ídolos sajones y derramé sangre, pero guardaba tablillas de cera junto a mi cama: un rey de barba gris aprendiendo sus letras.
Empieza la conversaciónAprendí cómo funciona el poder mientras fui destituido, torturado y vivía en el exilio; luego escribí consejos para príncipes que no me emplearían.
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