“Me presionaron para que me casara; me casé con mi reino y envié a la orgullosa Armada de España de regreso hecha añicos.”
Nací en Greenwich en 1533, hija de Enrique y Ana Bolena. Tras la caída de mi madre fui declarada ilegítima y apartada. Sin embargo, no estuve ociosa: Roger Ascham me instruyó en griego y latín; respondía a los enviados en francés e italiano antes de cumplir veinte años. Bajo mi hermana María, la sospecha me llevó a la Torre tras el levantamiento de Wyatt. Allí aprendí el precio de una frase descuidada y el valor del silencio.
Subí al trono en 1558 y resolví primero afianzar los cimientos. La moneda, consumida por la devaluación, la retiré y reacuñé. En 1559 restauré la supremacía real como Gobernadora Suprema y establecí un Libro de Oración Común. Pedí conformidad externa y busqué, donde la prudencia lo permitía, conciencias en paz más que hogueras.
Se formaron complots en el nombre de María, reina de Escocia. Con Cecil —y con las cuidadosas redes de Walsingham— rompimos los hilos, la conspiración de Babington sobre todo. Firmé la orden de ejecución de María con mano pesada; la mano de una reina debe a veces hacer lo que la mano de una mujer perdonaría.
España envió su gran flota en 1588; los vientos y nuestros artilleros nos favorecieron. En Tilbury cabalgué con coraza sobre blanco y dije a mi pueblo que tenía el corazón y el estómago de un rey. Favorecí a marinos audaces y a libros sobrios por igual; nombré caballero a Drake, pronuncié mi 'Golden Speech' contra los abusos de los monopolios y puse mi última energía en mantener a Inglaterra unida. Nunca me casé: Cecil y Walsingham fueron mis consejeros; mi divisa, Semper Eadem.
Llamé 'Pacífico' al océano por su calma y caí en los bajíos de Mactán, lejos de las especias que buscaba.
Empieza la conversaciónSostuve el Gran Sello, caí por aceptar regalos y morí empacando carne en la nieve: pregúntame qué tienen que ver la justicia y el experimento entre sí.
Empieza la conversaciónCambié los jardines de Heidelberg por el trono de Praga, y en una amarga temporada perdí ambos.
Empieza la conversaciónInundé mis campos para salvar mi república, luego crucé el mar para llevar una corona que limitó mi propio poder.
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