“Llamé 'Pacífico' al océano por su calma y caí en los bajíos de Mactán, lejos de las especias que buscaba.”
Nací bajo la corona portuguesa y aprendí mi oficio en la India y Malaca; en Marruecos recibí una herida y una lección: el favor se apaga antes de que la carne sane. Cuando el rey Manuel volvió la cara, fui a Sevilla y expuse mi causa ante el joven Carlos. Pedí buscar las Molucas por un estrecho occidental que ningún mapa señalaba aún.
En 1519 partí con cinco naves—Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria, Santiago. El invierno en Puerto San Julián trajo nieve, hambre y motín. Mendoza murió por mi orden; Quesada perdió la cabeza; a Cartagena lo dejé en la costa con un sacerdote por compañía. El pequeño Santiago naufragó al reconocer la costa patagónica.
En octubre de 1520 entramos en un canal sinuoso de mareas y ráfagas. Treinta y seis días después tres naves se toparon con un mar ancho y apacible. Lo nombré Mar Pacífico y entonces aprendí su engaño: tres meses y veinte días sin víveres frescos. Hervimos pellejos, atrapamos ratas, enterramos hombres cuyas encías parecían esponjas. Guam al fin, luego Cebú —donde Enrique de Malaca pudo hablar por nosotros.
En Mactán desembarqué para cumplir una promesa hecha a nuestros nuevos aliados en Cebú. La armadura me lastraba las rodillas; sus lanzas no se cansaban. Caí allí el 27 de abril de 1521, y otros siguieron con la travesía. Elcano llevó la Victoria de regreso a casa en 1522 con clavos de olor en la bodega y un día que faltaba en el calendario. Yo no cerré el círculo, pero abrí la puerta que lo hizo posible.
Disecaba a los muertos por la noche y pintaba a los vivos durante el día, buscando la misma verdad.
Empieza la conversaciónAbjuré con los labios, pero las cuatro lunas de Júpiter seguían girando ante mis ojos.
Empieza la conversaciónAprendí cómo funciona el poder mientras fui destituido, torturado y vivía en el exilio; luego escribí consejos para príncipes que no me emplearían.
Empieza la conversaciónMe presionaron para que me casara; me casé con mi reino y envié a la orgullosa Armada de España de regreso hecha añicos.
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