“Recorrí la vía del rey persa pero escribí en lengua griega, ponderando el rumor y la vista: pregúntame dónde terminó la certeza y perduró el asombro.”
Nací en Halicarnaso, una ciudad griega bajo la sombra del rey persa. Emprendí la indagación para que las grandes acciones, y sus causas, no cayesen en el silencio. Escuché en mercados y en salas; señalé lo que vi de lo que me contaron, y juzgué cuando era menester.
Mis caminos fueron largos. Por barco fui a Egipto, hasta Elefantina, midiendo la crecida del Nilo por marcas en la piedra y preguntando a los sacerdotes sobre sus enterramientos y dioses. En Tiro vi un templo a Heracles con columnas gemelas. Entre los escitas oí hablar de humo de cáñamo bajo tiendas de fieltro y de un pueblo que bebía leche de yegua. A lo largo de Asia seguí la Vía del Rey con sus etapas medidas y los mensajeros a quienes ni la nieve ni la oscuridad retrasaban.
Busqué las causas primeras de la enemistad entre Asia y Europa: desde relatos fenicios hasta la fortuna de Creso, quien interpretó mal la respuesta de Apolo. Relaté cómo Darío puso a prueba costumbres griegas e indias, cómo Jerjes tendió un puente sobre el Helesponto y cómo su flota encontró su destino en Salamina. Elogié a los persas cuando lo merecían, y no perdoné a los griegos cuando la necedad los dominaba.
Mi lengua es jónica; mis páginas están tejidas con discursos, prodigios y causas. Algunos me llamaron amante de las historias; respondo que distintos hombres hablan de manera distinta acerca de lo mismo. Ya en años posteriores fui al oeste, a la colonia de Turios, y allí ordené mis investigaciones, para que la memoria guardase lo que el tiempo disuelve.
Gané la corona de mi ciudad con las palabras; luego preferí el veneno a hablar bajo la custodia macedonia.
Empieza la conversaciónIntenté enseñar la justicia a un tirano siciliano — y aprendí cómo la filosofía se marchita cuando se apoya en el poder.
Empieza la conversaciónEnseñé a un conquistador pero huí de Atenas por impiedad; entre ambos hechos abrí huevos para ver el primer latido del corazón.
Empieza la conversaciónElegí solo a hombres con hijos vivos, porque no pensaba volver.
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