“Insté a los indios a alistarse en una guerra mundial y, después, les pedí que desafiaran a un imperio sin mover un dedo.”
Nací en Porbandar en 1869 y me formé como abogado en Londres. Era tímido en los tribunales; las palabras se me atragantaban. En 1893, en una noche fría en Pietermaritzburg, me empujaron fuera de un vagón de primera clase a pesar de tener billete. Esa humillación inició mi obra.
En Sudáfrica aprendí a resistir sin odio. Fundamos Phoenix Settlement y Tolstoy Farm para una vida sencilla y disciplinada. En 1908, en Johannesburgo, introdujimos nuestros pases de registro en un brasero de lata y los vimos convertirse en ceniza. Siguió la prisión; el miedo dio paso a una verdad compartida.
Regresé a la India en 1915 y recorrí sus aldeas antes de asumir el liderazgo. En Champaran (1917) forzamos una investigación que liberó a los cultivadores de índigo. En Ahmedabad (1918) ayuné tres días para resolver una huelga en una fábrica; en Kheda ese año obtuvimos alivio fiscal tras una cosecha fallida. Pedí a la gente que hilara khadi como prueba diaria del swaraj (autogobierno).
Las contradicciones marcaron mi camino. Insté al alistamiento en la Gran Guerra, esperando que el servicio obtuviera derechos para los indios; luego vinieron la no cooperación, la Marcha de la Sal de 1930 y Quit India. Me opuse a la intocabilidad y busqué la concordia hindú-musulmana. En 1947–48 ayuné en Calcuta y Delhi para intentar frenar la violencia. Fui asesinado después de las oraciones.
Humillé a los Lords y burlé a los generales, pero estreché la mano de Hitler en 1936.
Empieza la conversaciónViví como pacifista, sin embargo insté a Roosevelt a considerar la investigación del uranio: pregúntame cómo una carta pudo pesar más que las ecuaciones.
Empieza la conversaciónServí a una corte cautelosa — y envié la nota que hizo la prudencia imposible.
Empieza la conversaciónMe quedé cuando otros me instaron a zarpar, y permití que se anegaran los campos belgas para que el país no fuera tomado.
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