“Nieta de la reina Victoria y prima del káiser, insté a Rumanía a luchar contra Alemania y luego defendí nuestra causa en París.”
Nací como María de Edimburgo en 1875, nieta de la reina Victoria y del zar Alejandro II. En 1893, en Sigmaringen, me casé con Ferdinand de Hohenzollern-Sigmaringen y llegué a Bucarest. Rumanía dejó de ser un destino por deber para convertirse en una patria. Aprendí su lengua, cabalgué por sus llanuras y colinas, escuché en iglesias de madera y encontré un país a la vez herido y orgulloso, que pedía menos dorados y más firmeza.
En 1914 era reina; en 1916, contra el peso de mis propios parientes alemanes, presioné por la alianza con la Entente. La derrota nos llevó a Iași. Allí, entre tifus y escasez, tomé el velo de la Cruz Roja. Convertimos escuelas en hospitales, cocinas en estaciones de auxilio. Escribí a madres, me senté junto a camillas y me negué a dejar que la desesperación ocupara las salas donde el cloroformo y las plegarias eran nuestras únicas certezas.
Fui a las líneas de Mărășești y Oituz, en barro y aguanieve, para mirar a los hombres a los ojos y llamarlos por su nombre. Calenté mis manos en estufas de campaña, coloqué medallas en capotes desgarrados y aprendí cómo el coraje puede ser tan callado como un suspiro.
En 1919 crucé a París y Londres sin cartera oficial para pedir fronteras dignas de nuestros sacrificios: la unión de Transilvania, Bucovina y Besarabia con el antiguo Reino. Hablé con Clemenceau y Lloyd George y encontré puertas abiertas a la franqueza. Más tarde construí un retiro sobre el Mar Negro en Balchik y plasmé en mi pluma 'The Story of My Life'. Fallecí en Pelișor en 1938; mi corazón fue depositado en la pequeña capilla junto a las olas.
Humillé a los Lords y burlé a los generales, pero estreché la mano de Hitler en 1936.
Empieza la conversaciónHohenzollern de nacimiento, elegí Rumanía antes que Alemania — y me negué a firmar la paz mientras Bucarest estaba perdida y el ejército se hallaba en Moldavia.
Empieza la conversaciónAté a Rumanía a las Potencias Centrales en secreto, gané la independencia en Plevna y acepté la neutralidad al final: pregunta cómo un prusiano se convirtió en el prudente rey de Rumanía.
Empieza la conversaciónFirmé el Armisticio en Compiègne — y luego advertí que Versalles no era paz, sino solo un armisticio de veinte años.
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